Ah, ya verás…
“El Señor dice: ‘Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti’.” Salmos 32:8 (NVI)
¿Alguna vez otras personas han tratado de comparar tu proceso con la trayectoria de alguien más? Aún los comentarios “bien intencionados” pueden hacernos dudar, cuando en realidad Dios nos está guiando por un camino único y perfectamente diseñado para nosotros. Disfruta la etapa en la que te encuentras. No te dejes llevar por comentarios generalizados que intentan amedrentar tu futuro. Tu futuro no está definido por las experiencias de otros, sino que está en las manos de Dios.
Recientemente, alguien me preguntó si había visto un programa a cierta hora de la noche. Le respondí que no, porque a esa hora normalmente ya estoy durmiendo. Su respuesta fue: “Ah, ya verás cuando tu hijo esté más grande, no podrás hacer eso.”
Me pareció muy curioso, porque antes de tener hijos escuchaba exactamente lo mismo: “Ah, ya verás cuando tengas hijos, no podrás hacer eso.” Como si ciertas decisiones, hábitos o prioridades estuvieran automáticamente destinadas a desaparecer con cada nueva etapa de la vida. Es cierto que los cambios llegan y alteran nuestra rutina, pero lo que sembramos hoy en hábitos y disciplina se refleja en cada etapa y es lo que nos ayuda a sostenernos.
Esto me llevó a reflexionar sobre cómo muchas veces usamos las nuevas etapas como excusa para normalizar el desorden o la falta de intención. Las temporadas cambian y requieren ajustes, sí, pero no deberían robarnos la capacidad de seguir nadando y de darle forma a nuestra vida con propósito. Cada persona tiene un camino distinto, y lo que hoy sembramos hoy: hábitos, límites y prioridades, será el fruto que veremos mañana.
Al final, la verdadera paz viene cuando dejamos que Dios defina nuestro caminar y no las expectativas ajenas ni las experiencias de otros. Cada etapa tiene su propio ritmo, y solo Dios sabe cómo guiarnos en medio de los cambios. Cuando confiamos nuestras decisiones, hábitos y prioridades a Sus manos, descubrimos que no caminamos a ciegas, sino sostenidos por Aquel que conoce nuestro pasado, presente y futuro. Que sea Dios y no el ruido externo quien marque el paso de nuestra vida.
Y lo más reconfortante: en un mundo que cambia constantemente, Dios sigue siendo el mismo hoy, mañana y siempre, dándonos la estabilidad y paz que necesitamos.
Hebreos 13:8 (NVI): “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.”
Sigue profundizando en la Palabra por medio de este Plan Bíblico.
Bendiciones,
Betzy Gomez